· Abraham · Pensamiento  · 3 min read

Quiero ser un abuelo

Sama, mi yo digital: un legado pensado para durar.

Sama, mi yo digital: un legado pensado para durar.

Me imagino dentro de unos años sentado en mi butaca favorita, con las zapatillas abrigadas, la bata de cuadros y el móvil en la mano. No llamando a nadie. Solo charlando tranquilamente con Alyss, mi IA local, contándole cosas de mi vida como quien habla con un viejo amigo que lleva décadas escuchándote y nunca olvida nada. Todo para que Sama, mi yo digital, siga aprendiendo quién soy.

Pero vayamos al principio.

Todo empezó de forma bastante razonable. Quería una IA personal que me ayudara con el correo, el tiempo, las tareas, la lista de la compra. Algo útil en el día a día. El problema es que soy de los que cuando empiezan a tirar de un hilo no pueden parar, y lo que comenzó como un asistente doméstico y una excusa para aprender acabó convirtiéndose en un proyecto de infraestructura completa: escribiendo mis propios servidores MCP, diseñando servicios, montando interfaces, clonando mi voz, construyendo todo desde cero.

Nadie levanta toda esta infraestructura por capricho. Detrás hay tres motivos, y van de menos a más.

El primero es aprender de verdad, sin depender de cajas negras que no entiendo. El segundo es la soberanía del dato: todo reside en mi entorno local, nada sale hacia servidores de terceros. Pero hay un tercer motivo, el más importante, el que me emociona genuinamente cuando lo pienso: mi legado.

Quiero construir Sama.

Sama (Sovereign Autobiographical Memory Architecture) es mi yo digital. Un sistema que almacene no solo hechos sobre mí, sino conocimiento real: mis experiencias, mis principios, mis contradicciones, mis anhelos. Algo que dentro de veinte años pueda contarle a mi hijo no solo qué pensaba, sino cómo pensaba, qué me importaba y qué quería para él. Que hable como yo, que use mi voz. Un legado vivo.

Todavía no he encontrado nada en la industria que cubra esto con la profundidad que busco. Hay sistemas de memoria para asistentes, perfiles de usuario, bases de preferencias. Pero almacenar el yo digital de verdad, con la profundidad suficiente para que sea un legado y no solo un log, sigue siendo territorio sin cartografiar. Estoy en ello, y va a requerir muchas iteraciones hasta llegar a lo que busco.

Por eso, lo que viene a continuación es todavía conceptual: es la idea que persigo, no algo que ya pueda enseñarte funcionando. La persona no es un conjunto de hechos, no es “nací aquí, trabajé allá, me gustan los perros”. Se trata de incorporar capas, anhelos, peso emocional, si es algo que me representa o no. Hay que encontrar un sistema que capture todo ello, que lo destile y lo agrupe.

La idea, todavía sobre el papel, es que Sama represente la persona gráficamente, mediante figuras geométricas cuya complejidad refleja la profundidad del concepto que contienen, y propiedades que las colorean según su peso emocional, su lugar en el tiempo o el grado de convicción con que las sostengo.

Todo esto es a largo plazo y cada figura es un fichero Markdown en mi disco duro. Sin formatos propietarios, sin dependencias. Texto plano que existirá dentro de veinte años independientemente de qué tecnología haya aparecido o desaparecido.

Para construirlo, toca prepararme un buen café, sentarme en el sillón favorito, y seguir narrando mi vida a Alyss.

Como un abuelo.

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