Acerca de

Casi 30 años en la profesión: desarrollador, responsable de equipo, ingeniero DevOps. Y ahora construyo una IA personal: local, privada y soberana. Este sitio no es trabajo; es lo que hago en mis horas libres. Y si le dedicas tus horas libres, es que hay algo más, ¿no?

¿Por qué?

El ejercicio de escribir cuando hay código que lo hace un Agente te pone ante un espejo: ¿lo que dices saber, lo sabes? Te obliga a ordenar ideas y fijar conocimientos.

Estuve ahí cuando Internet arrancó de forma masiva en España antes de los años 2000 y hoy siento exactamente lo mismo con la IA. Sé que debo aprender todo lo que pueda; el futuro es incierto.

¿Qué construyo?

Herramientas para mi día a día integradas con la IA y un chat que no sea algo genérico, con voz e identidad propia. Para que me sea realmente útil tiene que conocerme de verdad, no limitarse a un RAG que indexe mis conversaciones.

Alyss es el nombre de mi asistente, con el que me comunico por web, Telegram y voz. Tiene una simbiosis que las herramientas de terceros no ofrecen, porque está construido para usarse desde la web y el chatbot recíprocamente.

SAMA es la capa que aporta contexto: mi RAG personal. Pretende ser mi exocórtex, mi Yo digital; para ello tiene que afrontar desafíos que van más allá de las soluciones comerciales.

Si a todo esto le añades la capa de Privacidad y Soberanía, el desafío sube de nivel. Te ves abocado a usar un modelo local en hardware doméstico: no esperes la calidad de un modelo frontera, ni que con un simple prompt consigas respuestas fiables y uso de herramientas sin errores.

Soberanía no es reinventarlo todo: no voy a escribir mi propio Postgres, ni un Svelte, ni un Pydantic. Son cimientos que audita medio mundo y me apoyo en ellos. Lo que no meto en casa es una caja negra que no puedo revisar: un MCP que me bajo de cualquier sitio, cuyo mantenedor mañana puede colar código malicioso en una actualización y acabar dentro de mi sistema, con mis datos. Y aunque venga de un tercero de fiar, hacerlo yo me deja personalizarlo y aprender por el camino. Eso prefiero hacerlo yo, con sus defectos, y aislado en mi propia red.

Y al fondo de todo, el legado: ¿y si después de años de usar mi propio chatbot pudiera destilar quién soy?